Hace algún tiempo, cuando las técnicas para ajusticiar a los condenados a muerte no se habían “humanizado”, un grupo de soldados se colacaban frente al reo. Tras las órdenes del oficial al mando disparaban sus armas contra el condenado y éste caía al suelo.
Pero esta forma de repartir justicia tenía un pequeño problema: los soldados también son humanos. Aquellos más sensibles al sufrimiento ajeno no tardaban en padecer pesadillas y depresiones provocadas por haber quitado la vida a un semejante.
Pero por todos es conocida la capacidad resolutiba de los militares. La forma más eficaz de terminar con los remordimientos de alguien es liberarle de la culpa. Y la forma de exculpar a estos fusileros era convencerles de no haber participado de la muerte del reo. ¿Cómo conseguirlo? Muy sencillo. Se cargan los fusiles con salvas a excepción de uno, que es el que ejutaría la sentencia a muerte. Depués se reparten de forma aleatoria entre los soldados. De esta forma todos podían pensar que era él quien tenia un arma incapaz de matar. Se terminó la culpabilidad, los remordimientos…
Existen dos fenómenos que nos liberan de la culpa: la comparación social y la difusión de responsabilidad. Hoy en dia es fácil percibir esta sensación en la sociedad. Cuando, por ejemplo, vemos por televisión a un niño sufriendo las carencias de alimento todos sentimos algo, llamemoslo incomodidad. Pero esa sensación desaparece al ver que junto a ese niño hay un grupo de voluntarios ayudándole, dándole comida, vistiéndole con una camiseta de Unicef. Ya no es un problema del que preocuparnos.
Pués si señoras y señores. Es un problema del que preocuparnos. Deberíamos hacer cualquier cosa que estubiera en nuestra mano para ayudar, para corregir o para evitar. Asumimos de antemano que hay alguien mejor preparado que nosotros, que no es necesaria nuestra colavoración. Desviamos la responsabilidad en el de al lado, como el fusilero que asegura no haber sido él quien mató al reo.
Hagámonos responsables de todo lo que ocurre en el mundo, lo bueno y lo malo. Pongamos nuestro granito de arena para hacer este mundo de todos algo más habitable.